Sobre mí
Me gradué en Psicología en la Universidad de Barcelona; ha llovido mucho desde entonces.
Me trasladé a Milán, sola, con una maleta llena de vestidos y alguna minifalda, unos pocos libros de psicología, un título y vacía de experiencia. Con el corazón lleno de incertidumbres, sueños e ilusiones.
Con mi flaco CV en mano (había hecho muchos trabajos pero nunca como psicóloga) empecé a llamar puertas; aún no existían las plataformas. En una de ellas, tuve la suerte de ser recibida por la jefe de servicio de un hospital: una mujer excepcional, llena de energía y nuevos proyectos. Me preguntó: «¿qué sabes hacer?» Fui sincera: «Nada»
Estaban a punto de abrir una Unidad para trastornos de la alimentación y me ofreció colaborar como voluntaria. Vi nacer esta Unidad y profesionalmente crecí junto a ella.
Me inscribí al máster de terapia cognitivo-conductual y además de trabajar como voluntaria, allí realicé las prácticas, luego llegó una beca, y con los años, un contrato como profesional independiente.
He trabajado en esa Unidad durante 25 años. Al principio, calladita, observaba a mis compañeros expertos como conducían las sesiones individuales y presenciaba las sesiones de la jefe de servicio con las familias de los pacientes.
La primera vez que participé en una terapia grupal fue con pacientes que sufrían de Trastorno por Atracón. Durante todos estos años he acompañado centenares de personas con problemas de Anorexia, Bulimia, Trastornos por Atracón, Obesidad y a sus familiares.
Y poco a poco, me he especializado en el Trastorno por Atracón. ¿Por qué?
Quizás porque, como sucede con el amor, el primero queda grabado en nuestra memoria, quizás porque es el trastorno menos conocido y estudiado, quizás porque entre todos los trastornos de la alimentación, estas personas son las menos comprendidas, quizás porque soy tozuda y me cuesta resignarme a no conseguir los objetivos de mis pacientes.
No me bastaba la formación en terapia cognitivo-conductual para trabajar de manera eficaz y resolutiva. Se empezó a hablar de EMDR y allí me apunté. Y no he parado de formarme para estudiar y aprender técnicas de los diversos enfoques y desarrollos en el ámbito de la terapia psicológica, que he aplicado en mi trabajo como psicóloga con mis pacientes, no solo con los que tienen dificultades con la alimentación, también en consulta privada.
Después de 25 años he regresado, con más afectos, con la maleta llena de vestidos (ya no llevo minifaldas!) montañas de recuerdos de vida de mis pacientes, libros que no caben en una sola caja, una nueva lengua y cultura, de otro pueblo muy similar al nuestro y a la vez, diverso. ¿Y el corazón? Todavía lleno de incertidumbres, sueños e ilusiones.
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