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«Mi madre ya se ha acostado, mi hijo duerme, he puesto en orden la casa, he dejado todo listo para mañana, incluso he planchado. He hecho todo lo que los demás se esperan de mí y, a pesar de ello, no estoy satisfecha.

Pienso en el jefe, que me ha contestado mal, pienso en Marc que ha traído una mala nota, en Clara, que no puede venir el sábado a cenar, pienso en Guillermo, que no responde a mis mensajes… vergüenza, rabia, ansiedad, soledad. Siento un vacío en el estómago, el mismo de siempre, tengo que comer, el maldito «TENGO QUE COMER»…

Abro la nevera: las sobras del arroz de la cena, un trozo de queso, zumo de naranja. Abro la despensa: tres tostadas, 5 galletas con chocolate, me acabo el paquete. De nuevo abro la nevera: otro trozo de queso, 2 lonchas de jamón….

Por fin, entorpecida, todo me resbala, no pienso, no siento nada.

No es verdad, siento un profundo desprecio hacia mí misma. Me quedo dormida, entre náusea y lágrimas»

Anna – sufre de trastorno por atracón

Si esta historia resuena contigo, estás en el lugar adecuado.

La mayoría de las personas que llegan a mi consulta han intentado tantos otros caminos, dietas, pastillas, consejos varios… soluciones «rápidas» que han funcionado durante un periodo de tiempo. Y después de cada intento fallido, el camino se ha alargado, aumentando la frustración, la desesperanza y, a menudo, el peso.

Aprenderás a cuidar, de modo duradero, de tus verdaderas preocupaciones, necesidades y deseos, SIN tener que recurrir a la comida.

Mi acompañamiento

Es individual y ofrezco un tratamiento a medida: establecemos metas y objetivos.

Ha habido una evolución muy importante en el tratamiento del trastorno por atracón y en la comprensión de los aspectos psicológicos de la obesidad.

Para que puedas entender mejor como trabajo, me gustaría explicarte lo que he aprendido y los puntos sobre los cuales podremos trabajar:

  • Psicoeducación: todos los seres humanos estamos constituidos por partes: aquella que sufre, aquella que ha seguido adelante a pesar de los sufrimientos, aquella que ha intentado protegernos y defendernos y ha hecho lo que sabía. Es en esta parte donde descubriremos que la comida ha tenido su función, ha intentado «ayudarnos».
  •  La terapia cognitivo-conductual me ha enseñado (y puedo, a mi vez, enseñar a mis pacientes!) técnicas y herramientas prácticas para modificar conductas y pensamientos.

Porque no son las situaciones de la vida las que nos hacen sufrir, sino la lectura que damos de ellas.

  • Con la técnica EMDR, establecemos un puente emocional para descubrir y reestructurar esas sensaciones que se encuentran no solo en nuestra mente sino, sobretodo, en nuestro cuerpo. (Gracias Shapiro, por haber creado y estructurado una técnica rápida, válida y eficaz).

Comprender los disparadores hacia la comida, qué emociones y qué necesidades preceden y acompañan nuestra alimentación y en qué medida estas necesidades son de nuestro presente o, como a través de un puente emocional, nos llevan a otros momentos de nuestra vida:
aquella niña que se sintió humillada o que tenía que comportarse como si ya fuera mayor, aquella niña que se veía redondita y distinta de las demás, aquella que se sintió sola, …pequeñas (o grandes) heridas que podemos cicatrizar para que no influyan en nuestro presente, porque no nacimos con esas sensaciones, las aprendimos en nuestros vínculos de apego.

  • Las neurociencias han legitimado ciertos aspectos de la psicología y nos han iluminado.

La comida nos sirve para calmar las sensaciones abrumadoras que surgen cuando nuestras emociones llaman a la puerta.
Estabilizar, regular, aceptar, estar en el presente, actitud mindful, activar el ventro-vagal, estar dentro una ventana de tolerancia…. los psicólogos lo llamamos de muchas maneras.
En pocas palabras: aprender a sentirnos en seguridad y a reconocer y desarrollar esa parte de nosotros maravillosamente llena de recursos y capacidades.
Los últimos estudios sugieren que, para algunas personas, será además necesario trabajar el patrón de adicción que puede conllevar la relación con la comida. Porque, por un lado, comer CALMA; por otro, como sucede con las sustancias adictivas, comer GRATIFICA.

Podemos realizar las sesiones en catalán, castellano o italiano.

Sesiones presenciales y online.

Mi acompañamiento es para ti si:

Te acuerdas de Anna? Esta es ella hoy:

Esta noche he salido. Me he puesto guapa, primero un baño caliente con sales perfumadas, crema, maquillaje y el pelo recogido.

He tenido unos segundos de crisis al escoger el vestido, estoy rellenita pero el espejo me ha sonreído, me gusto. Y Guillermo siempre me dice que le encantan mis formas.

Cuando he dejado mi hijo en casa de Clara, me he sentido un poco culpable, pero enseguida se me ha pasado; que yo salga, aunque no le guste, sé que le hace bien, ve una madre contenta.

Hemos ido a cenar: un entrante ligero, un segundo con patatas (pocas!) y también un postre. Y por qué no?? No ha sido un atracón, he disfrutado de la cena.

Cuando he regresado, feliz, he mirado la nevera, creo que como quien mira las puertas de una prisión, que le ha impartido crueldades y castigos.
No ha sido ella, lo sé, si no yo misma. Mi mirada es de desafío pero, en el fondo, siento ternura.

Hacia mí misma”

No solo trastornos de la alimentación...

Paralelamente a mi trabajo con las dificultades con la alimentación, me dedico a problemas de depresión, ansiedad, ataques de pánico, dependencia afectiva, autoestima, heridas del pasado…. y acompaño a las personas que necesitan superar momentos de crisis o dificultades en las relaciones, la familia, el trabajo.

Porque no importa el síntoma, si aprendemos a conocerlo y a escucharlo, nos hablará de pensamientos, emociones, sensaciones y necesidades, nos contará por qué ha llegado a nuestra vida, para qué sirve, qué función, poco funcional, tiene. (Gracias P.Cipollone)

Por ejemplo, postergar las tareas puede tener la función de calmar el miedo al fracaso, el temor de no ser capaz de realizarlas o de no realizarlas en modo perfecto; no saber decir que NO puede tener la función de asegurarnos la aprobación de los demás y alejar el miedo al rechazo.

Tengo muchos años de experiencia y todavía no me he cansado. Cada persona que acompaño es un descubrimiento y un reto.
Mi trabajo, como cualquier trabajo debe ser, es mi fuente de ingresos pero me siento muy afortunada porque es, a la vez, fuente de satisfacción. Trabajar bien es importante para mis pacientes y es importante para mi. Soy honesta y tozuda.

Para ello, trabajo por objetivos, que decidimos y acordamos desde que empezamos a trabajar. Cuando los objetivos se han logrado, la terapia se finaliza.

Mi objetivo es conseguir que, cuando nos despedimos, mi paciente sienta que puede ser el psicólogo de si mismo.

Mi experiencia y mi formación me han proporcionado conocimientos de diversos enfoques, técnicas y herramientas: esto me permite escoger y aplicar las más adecuadas y eficaces, para lograr los objetivos, con el menor tiempo posible.

He trabajado en equipo con otros psicólogos de formaciones diversas de la mía: no ha habido competición sino curiosidad y cooperación, o sea, riqueza profesional.

Sigo formándome, he escogido una profesión que está en continua evolución; es fascinante, claro que es fascinante, la psicología habla del ser humano, habla de nosotros.